TEATRO EN REGINA: EL PERSA, DE PLAUTO.
AVEPROF
El 18 de abril amaneció nublado y ventoso. Más de uno miraría el cielo repetidas veces como yo les hubiera dicho el día anterior. “¿Vamos a ir al teatro de seguro mañana?”,”Sí, claro, si tenéis vuestra autorización firmada por vuestros padres, no habéis tenido ningún parte y sale un día bueno sin lluvia, naturalmente que vamos al teatro.”
Demasiadas cosas se tenían que tener en cuenta. Era como el anuncio de Kinder Sorpresa y sus tres deseos. Alguno dio por hecho que no iría de todas todas. Otro miró al cielo y dudó de que no lloviera. Los demás sabían que irían, cómo se iban a perder un acontecimiento así, por una simple lluvia.
Después de haber contado y recontado las autorizaciones del alumnado, revisado los partes de los que no podían acompañarnos: solo 54 plazas en el autobús de Las Flores, más nosotras dos de profesoras-Fuencisla y yo-y ni uno más podía ir, me puse a mirar al cielo con ahínco. Vaya si miré: de todo había, desde nubes a granel, viento ni te cuento, frío que te mueres…¿Y así iríamos al teatro de Casas de Reina? ¿Y si allí a campo abierto se formaba una tormenta de muy señor mío, qué hacíamos con los alumnos por allí desparramados? Cuántas cosas pasaban por mi cabeza.
Llegué al instituto temprano y con mi fajo de autorizaciones y listado de alumnos fui pasando clase por clase. Los de 1º A estaban tranquilos casi convencidos de que iríamos finalmente porque no llovía, había salido el sol, el viento podía seguir todo lo que quisiera, que eso no impediría representar la obra. Nos iríamos cuando nos confirmaran que sí se podía actuar a la intemperie del teatro, es decir, que no llovía en Regina.
Fui al CPR y se lo consulté a Juan Rodríguez, que con total amabilidad telefoneó al alcalde de Casas de Reina para cerciorarse de que seguía para adelante lo del teatro. Todo en orden, no llovía allí tampoco.
A las 9 y media creo yo que nos montamos en el autobús. Los alumnos de 1º C fueron los últimos en enterarse de que iríamos y se lanzaron a comprar chucherías en la cafetería. “Vamos, comprad rápido que nos espera el autobús y allí no hay ningún sitio donde comprar ni agua”
Llegamos a Regina por el camino de Llerena y vimos durante todo el pequeño trayecto que el cielo alternaba el sol, las nubes, el sol, las nubes, hasta unas
pequeñas gotas y el arco iris. Uf, qué incertidumbre más grande.
Fuimos los primeros en pisar Regina. Una guía muy simpática nos saludó y se ofreció a enseñarnos en qué consistía la primitiva Regina romana.
Los alumnos ya iban preguntando que cuándo se comerían los bocadillos y las chucherías y yo les miré con gesto desaprobador y en fin, logré convencerles de que esperararan a estar sentados. La explicación de la guía fue muy clara y accesible a todos y la mayoría de los alumnos se sintió interesado en lo que les contaban del pasado de Regina, la distribución de las casas, las antiguas cloacas, las termas, los edificios más representativos, etc.
Hicimos fotografías y grabaciones de vídeos y nos dirigimos al teatro. Allí el aspecto mejoró. Se podía uno imaginar mejor cómo disfrutarían los antiguos pobladores de Regina de los espectáculos teatrales. Estaba magníficamente bien conservado. No era el teatro de Mérida, pero le andaba a la zaga. Hasta 800 personas podían asistir al teatro. Es decir, era una ciudad romana de una cierta importancia. Está muy bien conservada la cavea, la orchestra y la scena (con un tablado nuevo porque el originario de madera se encontró en las excavaciones pero ya deteriorado.
Nos sentamos en el graderío de la cavea y temiendo la llegada de las lluvias fuimos asistiendo al desfile de los actores que llegaron y empezaron con los preparativos.
Los alumnos de los distintos institutos de la zona también llegaron por fin y se sentaron junto a nuestros alumnos, que ya estaban cansados de esperar el comienzo de la obra.Menos mal que la música les hizo estar un poco más entretenidos, y las chucherías y saludarse unos con unos y otros con otros, también. Disfrutaron todo lo que pudieron y el frío que hacía les permitió.
La obra comenzó de una manera insólita y divertida: bajando los actores desde las últimas gradas y pasando entre el público, armando un poco de jarana hasta llegar al escenario. Nos sumergimos rápidamente en la historia graciosa que se nos representaba de manera tan dinámica y original, con miles de guiños a la actualidad , bromas y chistes, que por supuesto no estarían en la obra de Plauto, EL PERSA, que estaban representando, pero que atraía al público sobremanera.
Los diálogos eran brillantes y picarones-típicos de Plauto-, con la caricatura de los personajes descarados y engañabobos que pululaban por la obra. La danza y la música era muy importante y se dedicó un buen rato a las bailarinas que embelesaron a al público, no sé si más por la danza y el baile o por el mérito de estar semidesnudas con el frío intenso que estaba haciendo, no llovía pero el viento era helado.
Nos gustó ver su profesionalidad de los actores cuando lo tenían todo en contra con este día nublado y frío. ¿Cómo les podía salir ese torrente de voz, esos movimientos tan naturales y flexibles si nosotros andábamos ateridos de frío en la intemperie del teatro? La fría piedra de la grada nos dejaba tiritando.
Finalizada la obra, aplaudimos a rabiar, nos había gustado, nos habíamos reído y habíamos disfrutado de un espectáculo de categoría: buenos actores del grupo de teatro Balbo, buena técnica teatral, presencia de la expresión corporal magnífica y sin nada de escenografía, simplemente con acompañamiento musical integrada en la obra. Con qué poco y qué gran resultado. Bueno y no despreciaremos el entorno, el teatro de Regina, que gracias a su acústica nos hizo disfrutar de una representación magnífica, gracias a que el tiempo no nos lo impidió. Empezó a caer una fina lluvia, justo cuando salíamos del teatro de Regina. Qué suerte tuvimos.
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