“El pasillo y las clases encantadas”.
Era el día del Centro, el 5 de febrero, en el I.E.S. Miguel Durán de Azuaga. Estábamos tres amigas y yo en el instituto para entrar en el pasillo del terror organizado por los alumnos de 4º de E.S.O., y una de ellas no quería entrar, le daba mucho miedo y decía que no. No hubo manera de convencerla y entramos dos amigas y yo.
Nada más entrar por el pasillo de Bachillerato, nos paró una supuesta guía. Salió pintada y nos pegó un susto que mejor no decir. Estaba muy bien pintada y vestida para dar miedo.
La supuesta guía nos lleva a una sala, que era una clase, donde nos explicó que teníamos que encontrar un muñeco, pero que teníamos que tener mucho cuidado porque había por allí un payaso maldito.
Me empezaron a empujar para entrar la primera, y tuve que entrar la primera. Cuando ya iba por la mitad de la sala, entraron mis amigas. Encima de una silla estaba el muñeco, y una de mis amigas lo cogió. Entonces, el payaso se lo arrebató. Nosotras se lo empezamos a quitar a él y no se dejaba quitar el muñeco.
Tiramos del muñeco muchas veces, pero no logramos quitárselo y muertas de miedo salimos corriendo hacia la puerta. Pero entre mis amigas y yo logramos quitarle el muñeco y salimos de allí.
El payaso iba muy bien vestido con una bata y unos pantalones blancos y con la cara pintada con unas lágrimas de sangre. Daba miedo nada más verle.
Después de salirnos al pasillo (decorado de terror, con velas y medio a oscuras), nos dijo que entráramos en otra sala: allí estaba la niña del Exorcista, que había perdido a su hijo y teníamos que buscarle. Pasó lo mismo que en la otra sala: nadie quería entrar la primera, me dejaron a mí sola ante el peligro.
En esa sala había un muñeco. Pero también apareció por allí el payaso. Cogimos el muñeco, pero nos lo quitaron y lo tiraron debajo de una mesa. Me tuve que meter debajo de la mesa para buscarlo y de ahí salimos corriendo. Pero no nos dejaban ni el payaso ni la niña del Exorcista ni los demás. Nos empujaron para que soltásemos los muñecos, pues no podíamos salir al pasillo con ellos.
La niña del Exorcista estaba muy bien caracterizada: parecía de verdad. En la sala donde estaba había fotos de miedo, esqueletos, adornos de terror y música.
Después de esa vez, entré unas cuantas veces más y ya habían incluido fantasmas y dos niñas locas que te perseguían.
Estuvo todo el pasaje del terror chulísimo. ¡Hay que hacerlo más a menudo!
Carolina Montero de Espinosa
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